Teléfonos: (55) 5688-6823, 5601-7656 y 5601-7654
Trabajadores y clase media, los grandes perdedores con un dólar caro

Trabajadores y clase media, los grandes perdedores con un dólar caro

Participar en reuniones de asesoría con grandes empresas para analizar la posible trayectoria de la cotización peso-dólar, los escenarios del tipo de cambio con la finalidad de anticiparse a los acontecimientos, de armar una estrategia y proteger el patrimonio de la compañía, es un ejercicio interesante; hasta fascinante, me atrevería a decir.

Es una actividad que se encuentra en crecimiento, en plena fase de expansión en México, porque cada vez son más las organizaciones que deciden contratar especialistas, asesores externos para incorporar a su organigrama la figura de “inteligencia de negocio” que proporciona la información necesaria para realizar esas proyecciones.

Es un mundo donde uno puede quedar atrapado fácilmente. Todo parece girar en torno al momento adecuado para comprar coberturas a buen precio, para realizar pagos en pesos a proveedores locales cambiando dólares en el momento en el que alcance su nivel más alto con el propósito de generar ahorros, excedentes, ganancias cambiarias que permitan proteger el capital o incluso financiar nuevas inversiones.

Si la proyección es correcta, la apuesta sobre los movimientos esperados del tipo de cambio es acertada, termina por reforzar los márgenes de utilidad a pesar de la turbulencia en los mercados. Sin embargo, este tipo de reuniones, si uno se involucra demasiado, pueden llegar a provocar ceguera.

Se lo digo porque es fácil creer que basta con contar con una buena estrategia para que todo mundo quede bien protegido. Se puede perder de vista que esa posibilidad sólo está al alcance de una élite de inversionistas poderosos que tienen los recursos financieros, humanos, tecnológicos y la asesoría de expertos calificados para protegerse, pero no para millones de personas que están fuera de ese mundo. “Si lo puedes soñar, lo puedes lograr”, diría uno de esos motivadores, de esos coach que están tan de moda para estimular a su audiencia. ¡Ojalá fuera tan sencillo!, pero no lo es porque el hombre de la calle, los trabajadores y la clase media que van al día para sobrevivir, son los grandes perdedores con un dólar caro.

Un ejemplo contundente es que para contener la fuga de capitales y evitar que el golpe en el tipo de cambio hubiera sido mayor, Banco de México subió su llamada “tasa de referencia” (es decir, la tasa de interés que cobra a los bancos comerciales por prestarles los pesos que fabrica para que otorguen créditos), cuatro puntos porcentuales (400 puntos base dirían los especialistas) en apenas año y medio.

De diciembre de 2015 a junio de 2017, la tasa pasó de 3.00% a 7.00%, más que se duplicó. ¿La consecuencia? El encarecimiento del crédito que perjudica a las familias. Los banqueros matizan el asunto diciendo que aproximadamente el 70% de los créditos hipotecarios están documentados a tasa fija. Perfecto, es cierto, pero…¿y el otro 30%? ¿Y los nuevos que llegan a pedir un préstamo bajo las nuevas condiciones? ¿Y las tarjetas de crédito que están a tasa variable? ¿Y los préstamos empresariales que se encuentran en su nivel más caro de los últimos 8 años?

Por favor… no señores banqueros, no se puede tapar el sol con un dedo: sin duda es un duro golpe a la clase media. El problema es que para los trabajadores el panorama luce todavía menos alentador.

En México, más de la mitad de la población ocupada, el 60.8% del total (aproximadamente 31 millones 300 mil personas), ganan de 2 salarios mínimos al mes, para abajo. Estamos hablando de alrededor de $4,800 o menos. Si tomamos en cuenta que el incremento autorizado al salario mínimo para 2017 fue de 3.9% y la inflación acumulada hasta la primera quincena de mayo de 6.7% por la depreciación del tipo de cambio que encareció de golpe todos los bienes que necesitamos importar del extranjero para producir, entonces tenemos que ser “achicó” en términos reales el poder adquisitivo ese salario.

El dólar caro al aumentar la inflación, se comió el aumento de los salarios. Lo pulverizó. Lo hizo talco, perjudicando a quienes menos oportunidad tiene de defenderse. Y si en esas cifras incluimos a otros 10 millones 685 mil trabajadores que perciben entre 2 y 3 salarios mínimos al mes, ya nos podemos imaginar la magnitud del golpe. Tan sólo los precios de frutas y verduras, así como el costo del transporte que absorben buena parte del ingreso de esas familias, aumentaron casi 11%. ¡Y todavía nos sorprendemos de porqué hay tanto descontento popular, tanto odio a la clase política, de porqué la gente sale a votar con el hígado!

Bien lo decía Robert Malthus allá por 1820: “En tiempos de prosperidad, las clases mercantiles ganan a menudo grandes fortunas que contribuyen mucho a asegurarlas contra el futuro. Pero…las clases trabajadoras…en períodos de salarios bajos pueden llegar a padecer la mayor miseria…Las fluctuaciones les aportan más mal que bien. Y para conseguir la felicidad de la mayoría de la sociedad debemos tender…a conservar…un gasto uniforme”.

Es decir, un poder adquisitivo estable, una inflación a la baja, algo que, por desgracia, no ha permitido un dólar caro. Por eso le digo que los grandes perdedores son los trabajadores y la clase media. Como dirían nuestros abuelos: “al pero más flaco se le cargan todas las pulgas”.

Y las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina…

Cerrar menú