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¿Qué tipo de populista es Donald Trump? De la fantasía a la realidad

¿Qué tipo de populista es Donald Trump? De la fantasía a la realidad

La mayoría cree que va a cumplir con sus amenazas, pero…yo no estaría tan seguro y le voy a decir porqué

 Si algo supo provocar Donald Trump durante su campaña, fue miedo. Y el miedo es, por desgracia, uno de los sentimientos más poderosos en el ser humano. “El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo”, escribió Thomas Hobbes en el célebre “Leviathan” del siglo XVII.

Según las encuestas, la mayoría cree que va a cumplir con sus amenazas, pero…yo no estaría tan seguro y le voy a decir porqué.

Un líder populista (ya sea de derecha o de izquierda) es lo suficientemente hábil, mañoso, como para saber que los resortes que impulsan el voto son de carácter emocional. Que al votante no hay que aventarle dardos al cerebro con propuestas de fondo, con sofisticadas propuestas de gobierno. No señor. Para conectar con las masas y llegar al poder, hay que aventarle dardos al corazón para explotar sus sentimientos; al estómago para explotar sus necesidades; al hígado para explotar sus resentimientos.

Ellos saben que el “voto razonado” por el que tanto claman algunos idealistas, académicos, expertos y uno que otro despistado, no existe. Que más bien es privilegio de una delgada franja de votantes que por lo regular, no llega ni siquiera al 10% del padrón electoral. Por eso, salvo excepciones (como el loco de Hugo Chávez en Venezuela, o el loco de Bucaram en Ecuador), la mayor parte de los populistas montan un espectáculo de dos pistas, como en los circos: una para el público, y otra para negociar con las élites.

Ejemplos, hay muchos: Fujimori en Perú, Menem en Argentina o Lula Da Silva en Brasil, entre otros, que pronunciaron estridentes discursos, se enfrentaron al sistema, amenazaron con hacer barbaridades pero que jamás las cumplieron ya en funciones de gobierno. Que se quedaron simplemente en el olvido o muy matizadas, diluidas en la práctica.

“Tranquilos…no tengan miedo…no se alarmen…yo sé lo que les digo”, afirmó Andrés Manuel López Obrador en un mensaje tras la victoria de Donald Trump.

Y al momento de redactar estas líneas, Trump ya daba señales de moderación.

En una entrevista que le concedió a Lesley Stalin de la cadena CBS en el programa “60 minutes” como presidente electo, llamó a sus seguidores a dejar de acosar a las minorías. “Y digo: ‘Basta’. Si ayuda, voy a decir esto, y lo diré directo a las cámaras: ‘Basta’…Yo diría que no lo hagan, eso es terrible, porque voy a unir a este país”, dijo Trump

Cuestionado sobre si aceptaría una valla en lugar de un muro a lo largo de la frontera, Trump dijo: “Para ciertas áreas, sí” y ya no quiso confirmar la amenaza de nombrar un fiscal especial para investigar a Clinton. “No quiero hacerles daño”, dijo Trump sobre los Clinton, y señaló que había hablado tanto con Hillary como con Bill Clinton desde su victoria. “Son buena gente. No quiero hacerles daño”.

Anthony Scaramucchi, asesor económico de Donald Trump en un editorial que publicó en The Financial Times, por su parte, aseguró que el nuevo gobierno podría ser menos anti-comercio de lo que suponían los inversionistas. Sugirió que el presidente electo está abierto a las negociaciones antes de imponer barreras a las importaciones. “Trump cree en el libre comercio,  pero justo”, escribió Scaramucchi.

Aun así, a pesar de las señales, de la evidencia empírica de lo que suelen ser la mayor parte de los populistas en la práctica y del viraje que está mostrando Trump aún antes de instalarse en la Casa Blanca, muchos no creerán que se va a moderar. No los culpo ni los censuro. Es lógico, entendible por el miedo.

“Uno de los grandes defectos del miedo es perturbar los sentidos”, decía Miguel de Cervantes Saavedra en “El Quijote”.

Obviamente esto no quiere decir que no podría tomar medidas contraproducentes o perjudiciales para México. Claro que lo hará y tenemos que estar preparados, atentos en todo momento. Ahí está la muy probable renegociación del Tratado de Libre Comercio, las deportaciones masivas de ilegales con antecedentes criminales y el reforzamiento de la seguridad en la frontera, entre otros asuntos delicados, de alto impacto.

Pero de ahí a suponer, asegurar o dar por hecho que será un loco radical como Hugo Chávez, creo que media una gran distancia. Al tiempo…al tiempo.

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