Partidocracia

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El yugo de una corrupta clase política sobre México

“Si me permite expresarlo en términos coloquiales, puedo decirle que andan desatados; que parecen auténticos “chivos en cristalería”, tal y como reza un viejo dicho popular”.

Vicente Fox levantó una gran expectativa en su campaña a la presidencia. Pintó un panorama sensacional, maravilloso. Lo único que le faltó prometer fue que para el año 2006 los voladores de Papantla iban a ser “inalámbricos”.

Con dardos precisos, bien dirigidos al corazón, al estómago y al hígado de votantes hambrientos de justicia, logró entusiasmar a las masas. Muchos, quizá millones, soñaron con un México libre, democrático, próspero… de primer mundo, pues. Sin embargo, no fue así. Apenas dos años después de su victoria, la desilusión apareció con fuerza en el escenario.

“Se llama carisma a las cualidades desplegadas por un candidato durante la campaña electoral, y desencanto a las consecuencias de ese carisma ya en funciones de gobierno”, soltó mordazmente Carlos Monsiváis, algo que pudo haber hecho enfurecer a la entonces Señora Presidenta, Martha Sahagún.

En mi libro: “Los Demonios de la Transición” (Ed. Diana), ya había advertido que aquella célebre imagen de panistas entusiasmados paseando un enorme ataúd cubierto con la bandera del PRI alrededor del Ángel de la Independencia en la Ciudad de México, era un espejismo, una exageración, porque si bien se había conseguido romper el monopolio del poder (un logro que no se puede soslayar), el ataúd aún estaba vacío: no tenía cadáver.

Con eso quise decir que el camino que abrió la alternancia hacia la democracia, no sería fácil. Que tendrían que pasar varios años de dificultades antes de poder derrotar definitivamente al viejo régimen autoritario que a lo largo de 71 años había echado, por desgracia, profundas raíces. Que tendríamos que esperar mucho tiempo antes de ver caer ese cadáver dentro del ataúd.

Aun así, estaba convencido de que México, a pesar de todo, lograría consolidar la democracia. La esperanza muere al último. Pero hoy, sin embargo, he de confesarle amigo lector, que no me imaginé que en ese largo y tortuoso camino, en vez de alcanzar el paraíso democrático, nos íbamos a desbarrancar.

Que como país terminaríamos desviándonos del camino para caer en la PARTIDOCRACIA. Sí, en un sistema dominado por una clase política cínica y corrupta hasta la médula, gracias a la impunidad, a la falta de un mecanismo efectivo de rendición de cuentas.

Un sistema en donde líderes partidistas acumulan poder excesivo y terminan cometiendo toda clase de abusos en perjuicio de una ciudadanía cada vez más escéptica, irritada, hastiada de sus gobernantes y que en algún momento de desesperación, de ánimo de venganza, podría ser capaz de llevar al poder a una fórmula populista sin importarle las consecuencias, bajo el hechizo de la seductora (y peligrosa) creencia de que el país bien merece una sacudida.

Si me permite expresarlo en términos coloquiales, puedo decirle que andan desatados; que parecen auténticos “chivos en cristalería”, tal y como reza un viejo dicho popular. Y no sólo me refiero al robo descarado, al enriquecimiento ilícito de Secretarios de Estado, Diputados, Senadores, Gobernadores, Presidentes Municipales y tantos otros entes raros que se mueven, que habitan en esas cloacas que conocemos como “Partidos Políticos”, sino a su actitud: al grado de cinismo que han alcanzado.

Un ejemplo: al momento de escribir éstas líneas (01/noviembre/2017), se aprobó en Comisiones de la Cámara de Diputados una propuesta para modificar el artículo 14 de la Ley de Disciplina Financiera que le permitirá a los gobernadores de 22 Estados utilizar los remanentes que tengan en su presupuesto para pagar gasto corriente en vez de usar ese dinero para cubrir deuda o invertir en obras productivas como se dispone ahora.

¡Les están volando los candados! En pocas palabras, les van a liberar recursos para que, literalmente, los utilicen como se les dé su regalada gana y en año electoral. Van a convertir, en la práctica, la Ley de Disciplina en una Ley de INDISCIPLINA Financiera. ¿Y quién cree usted que fue el principal promotor de la “genial” idea? Sí, la CONAGO: la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Discúlpeme el enojo amigo lector, por favor, pero es como para entregarles a todos estos Señores un Oscar por su actuación. Sí un Oscar por: “Y tu Mamá también”.

El problema es que esto no va a cambiar hasta que realmente contemos con mecanismos que sean capaces de castigar los abusos de poder. Mecanismos efectivos de rendición de cuentas que hagan posible que los costos de ser corrupto superen ampliamente a los beneficios, para obligarlos a cambiar.

Pero mientras no llegue ese momento, usted y yo, los ciudadanos, tendremos que seguir soportando la PARTIDOCRACIA: el yugo de una corrupta clase política sobre México.

Caray, qué razón tenía Carlos Marx, el padre del Socialismo cuando decía que:

“El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra”…el poder de un grupo de cínicos que están organizados para oprimirnos a usted y a mí. Para enriquecerse a nuestras costillas.

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