La madre de todas las batallas

La madre de todas las batallas

“La política es el segundo oficio más antiguo del mundo…pero se parece mucho al primero”, decía Ronald Reagan, y vaya, qué razón tenía. Ni duda cabe, sobre todo si para confirmarlo nos apegamos al cochinero que estamos observando en las elecciones para elegir gobernador en el Estado de México.

No, no es ninguna exageración calificarla como “la madre de todas las batallas”, por todo lo que está en juego para los partidos políticos. Obviamente no me refiero a la clásica cantaleta de aquellos que creen o aseguran que quién gane esta elección, “quedará en inmejorable posición para ganar en el 2018”.

No necesariamente. Basta con recordar que el PRI tenía control absoluto en el Edomex y aun así perdió la elección presidencial en el 2000 con Fox, para demostrar la falacia del argumento. No es garantía de nada. Ningún “laboratorio” o anticipo de lo que podría pasar el próximo año. Claro que no.

Más bien me refiero a que ganar o perder el Estado, sí podría significar, en cambio, la gloria o la tumba definitiva para varios aspirantes a mantenerse en la carrera y seguir gozando de su sagrado hueso. Por eso el incentivo perverso que tienen los partidos de sacar lo peor de sí mismos, o de hacer gala de “estrategia electoral” sí prefiere llamarle así. Permítame explicarle porqué, amigo lector.

El Edomex es “la Joya de la Corona”. De las entidades que reciben mayores transferencias de dinero por parte de la federación y ejercen el presupuesto más elevado a nivel nacional, el Estado de México se encuentra en primer lugar, segundo la Ciudad de México, tercero Veracruz y cuarto Jalisco.

Respecto al padrón electoral, la misma historia. El Edomex cuenta con el mayor número de votantes registrados y con credencial de elector a nivel nacional con casi 10 millones 500 mil. En segundo lugar está la Ciudad de México con 6 millones 900 mil, tercero Veracruz con 5 millones 700 mil y en cuarto lugar Jalisco con 5 millones 200 mil, en números redondos.

Si el PRI pierde ya estaría fuera de las tres entidades más importantes del país: sin gobernar (Edomex, CDMX, Veracruz), y sin su presupuesto. Y Eruviel Avila de quién tengo la impresión que ya se imagina sentado y se comporta como si tuviera asegurada para él la amada silla de Los Pinos, le diría adiós a su aspiración presidencial en 2018. La derrota es huérfana.

Por eso no es raro escuchar a distinguidos priístas decir que tienen que entrarle con todo a la elección, “cueste lo que cueste”. Valiéndose de todos los recursos disponibles a nivel federal y estatal. Vamos, movilizando hasta los centavos que tienen guardados en el tarrito de la cocina.

Para el PAN, no ganar en el Edomex, arrojaría dos grandes damnificados: por un lado, Josefina Vázquez quién con dos taches en la frente (la derrota presidencial en 2012 y la de la gubernatura en 2017 en caso de perder), prácticamente se le podría dar como “difunta” en términos electorales. Difícilmente a algún panista le darían ganas de animarse a proponerla ni siquiera como candidata para una presidencia municipal.

Y por el otro, Ricardo Anaya, presidente del partido que le apostó a Josefina. La derrota (más aún si se van al deshonroso tercer lugar en el Edomex, tal y como les sucedió en la presidencial del 2012), le daría alas pero a la candidatura de Margarita Zavala.

El riesgo para los panistas es que sí en algún momento es obvio que no gana Josefina, la abandonen y ejerzan el voto útil, una cargada hacia el candidato del PRI, Del Mazo, como ya lo hicieron hace cinco años con Enrique Peña. Felipe Calderón mataría así, dos pájaros de un tiro: liquidaría las aspiraciones de Anaya dentro del PAN, empujaría a su esposa para tratar de recuperar el control del partido y la Presidencia en 2018, y ayudaría a frenar a Morena, el partido de su archirival, Andrés Manuel López Obrador. En mi opinión, creo que por ahí va la jugada. La tentación es muy, pero muy grande.

Para AMLO, ganar Edomex sería un gran campanazo, no sólo en términos de dinero (Morena, su partido, controlaría el presupuesto más elevado a nivel estatal), sino porque mercadológicamente sería un bocado muy apetitoso para demostrarle al votante a nivel nacional que van “en caballo de hacienda” hacia Los Pinos. El impacto psicológico a favor, en manos de un gran manipulador de masas.

También significaría acelerar la desbandada del PRD en favor de Morena. Bien dicen por ahí que cuando el barco se hunde, los primeros en saltar son los ratones. No es cuestión de ideología, sino de intereses.

Así pues, ganar o perder la elección en Edomex, puede aumentar o disminuir las posibilidades de un partido, cierto, pero no es garantía de nada para la presidencial de 2018. Sí en cambio, puede significar la gloria o la muerte electoral para destacados miembros de una mafia organizada que es conocida elegantemente en México con el eufemismo de “partidos políticos”.

Como dicen en los palenques, amigo lector: “Cierren las puertas…hagan sus apuestas…señores”.

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