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Guardia nacional, ¿esperanza o amenaza para México?

Guardia nacional, ¿esperanza o amenaza para México?

Dicen por ahí que “la necesidad tiene cara de hereje”. La creación de una Guardia Nacional, Guardia Civil o Guardia “de Paz”, por lo regular ha sido resultado de la desesperación; de la necesidad de hacerle frente a fuertes crisis de inseguridad que impulsan al público a exigir y esperar de sus autoridades medidas extremas para tratar de recuperar el orden, la estabilidad perdida, prácticamente al precio que sea.

¿Qué nos dice la experiencia internacional sobre un poder federal supremo que queda por encima del Ejército, la Policía y la Marina juntos? La regla general es que la Guardia Nacional debe estar separada del Ejército, pues como apuntan destacados especialistas a nivel mundial, la labor de una policía no es la de dominar sino la de proteger, mientras que los militares han sido precisamente entrenados para dominar, para aplastar al enemigo. De ahí que cuando los militares salen a las calles y se les asignan labores de persecución de los delitos, el riesgo de cometer abusos en materia de derechos humanos, crece.

Una buena Guardia Nacional debe combinar estas dos tareas (la técnica o de investigación y la táctica o de persecución efectiva), a través de una capacitación adecuada así como el control de las autoridades civiles sobre los militares para tratar de garantizar el cumplimiento de la ley.

Entre los casos exitosos en este sentido destacan el de los Carabineros de Italia, la Real Policía Montada de Canadá, la Policía Nacional de Francia, el Cuerpo Nacional de Policía de España, la de Grecia o la de Colombia que contribuyó de manera eficaz a la pacificación de ese país en su terrible lucha contra los grandes capos del narcotráfico que habían llegado a convertirse en una amenaza para la sobre vivencia del propio Estado.

“Es una tarea muy complicada mezclar a policías con militares exitosamente… en todos estos casos las leyes son muy claras y no hay confusiones sobre las facultades de cada corporación”, señala Athanasios Hristoulas, Profesor-Investigador del ITAM.
Podríamos decir que este es el prototipo ideal de Guardia Nacional, capaz de recuperar el orden que ayuda incluso a reforzar la Democracia y el Estado de Derecho en un país. Sin embargo, el peligro aparece cuando se les da un papel protagónico a los militares y éstos quedan bajo las órdenes directas del gobernante en turno. En estos casos la Guardia Nacional puede convertirse en una amenaza.

El Profesor Juan J. Linz en una obra clásica, muy apreciada en el mundo académico escrita a mediados de la década de los años setenta (“La Quiebra de las Democracias”), advirtió que si las oposiciones desleales (tecnicismo utilizado en Ciencia Política para describir a gobiernos con tendencias autoritarias, de centralización de poder), “pudieran ganar el apoyo, disponer de la lealtad o neutralidad de los instrumentos de represión del Estado, el destino del régimen está en serio peligro” (p.149, Ed. Alianza Universidad)

Este es el caso de Nicolás Maduro en Venezuela que hasta el momento de redactar estas líneas se mantenía aferrado al poder gracias al control directo que ejerce sobre una poderosa Guardia Nacional que fue estructurada y heredada del régimen dictatorial de Hugo Chávez. Patético observar que mientras la población salía a protestar a las calles, él hacia lo mismo pero encabezando contingentes de militares.

También se puede explicar la permanencia de los Castro en Cuba gracias al apoyo de una poderosa Guardia Nacional que está subordinada a ellos, donde incluso se llega a niveles de represión extremos. Cuando fui a La Habana por primera vez en enero de 2014 (a cubrir la llegada de la primera misión Diplomática de EU en décadas a la Isla durante la gestión de Obama), al caminar por el Centro Histórico, cerca del Capitolio, quedé impresionado al ver circular automóviles antiguos, de la década de los años cuarenta y cincuenta (principalmente), en excelentes condiciones. Algunos de ellos como si tuvieran poco tiempo de haber salido de la agencia.

Casi se me salen los ojos al ver un Chevrolet Impala, precioso, modelo 1957, porque ese fue el primer auto de mi Papá. Ahí solía pasearnos a mis hermanos y a mí cuando éramos niños. Fue impactante. Cuando me acerqué para observarlo detenidamente, dos cubanos muy amables me abordaron para decirme: “¿Te gustó chiquitico?”…“¡Está padrísimo!”, les contesté.

Y al preguntarme de dónde venía fue muy agradable para mí escuchar por primera vez lo que siempre nos dicen a los turistas mexicanos: “¡Ah, México lindo y querido!”. Se portaron de maravilla conmigo.

Me abrieron el cofre para ver el motor, me subieron al auto, dejaron que lo encendiera, en fin, todo iba de maravilla hasta que llegaron los Guardias para sujetarlos de los hombros, apartarlos bruscamente de mí para decirme: “Lo están molestando”…“No, no, no, para nada, ¡al contrario!, son muy gentiles conmigo”, les contesté, pero al parecer ni siquiera me escucharon o de plano me ignoraron porque seguían insistiendo, “díganos, díganos si lo están molestando”, mientras los dos pobres cubanos temblaban de miedo. Ya después me explicaron que si algún turista los denunciaba por acoso o aseguraba siquiera que le habían robado un cortauñas, podrían ir a la cárcel.

Aquí vale la pena preguntarse: y de la Guardia Nacional que fue aprobada en México, ¿en qué prototipo encaja? ¿Podría decirse que es una esperanza o una amenaza? Desde mi punto de vista le tengo una buena y una mala amigo lector.

La mala noticia es qué tal y como estaba redactada la iniciativa original que fue aprobada por la Cámara de Diputados con mayoría de MORENA y la coalición de partidos que los apoya, estaba desastrosa, infame a mi parecer, porque correspondía a un modelo de Guardia Nacional muy parecida a la de Cuba o Venezuela: se pretendía elevar a rango constitucional el poder de los militares, subordinar su operación y el manejo de los recursos a la Secretaría de la Defensa Nacional.

Mi preocupación creció con lo que habían aprobado los Diputados cuando me enteré de lo que declararon dos personajes muy cercanos a AMLO que gozan de toda su confianza y que se negaron a apoyar la creación de una Guardia Nacional en semejantes condiciones.

Una de ellas fue Tatiana Clouthier, la coordinadora de la campaña de López Obrador que hizo un trabajo extraordinario para él y que ya como vicecoordinadora de la Cámara de Diputados se abstuvo de votar en la creación de la Guardia Nacional.

“No quiero que militares controlen el país…la integración orgánica de la Guardia Nacional no debe ser parte de los preceptos constitucionales…equivale a elevar a los militares a un nivel constitucional en la toma de decisiones y por lo tanto que puedan realizar sus acciones sin cuestionamiento alguno”, declaró a la prensa y dijo también que no podía avalar, votar en favor de algo que era muy diferente a lo que le habían prometido en campaña.

El otro caso, más sorprendente y preocupante para mí aún, fue el del Dr. Elizur Arteaga Nava, el mejor constitucionalista qué hay México y ex asesor jurídico de cabecera, por varios años, de Andrés Manuel López Obrador. En un artículo que publicó para la revista Proceso (“La Guardia Nacional, un grave retroceso”) el Dr. Arteaga Nava aseguró:

“En el pasado gente ignorante de la historia, para hacer frente a un problema de delincuencia, en forma irresponsable sacó al ejército de sus cuarteles…Es torpe…ponerse en manos de alguien que puede salirse de control…No es aconsejable encender un cerillo para ver cuánta gasolina tiene un depósito… Victoriano Huerta traicionó a las autoridades civiles, con la reforma que se propone, sus promotores están dando a los militares la oportunidad de volver a hacerlo”.

Y para ponerle la cereza al pastel, mi preocupación creció cuando AMLO puso en manos la construcción de las dos pistas del nuevo aeropuerto en la base de Santa Lucía en manos del ejército y el manejo del total de los ingresos que generara su operación. También cuando anunció que parte del gasto público destinado a la derrama de beneficios sociales, varios miles de millones de pesos, bajarán a la población en tarjetas operadas por Banjército. Dos medidas que a mi parecer, apuntan a ganar la lealtad o garantizar la neutralidad de las fuerzas de represión del Estado, como dice el Dr. Juan J. Linz en “La Quiebra de las Democracias”.

Esa es la mala noticia. La buena es que en el Senado, lo que queda de oposición (PRI, PAN, PRD), enmendaron la plana y corrigieron la iniciativa que había sido aprobada por la Cámara de Diputados para impedir que el poder y control de los militares fuera elevado a rango constitucional, para subordinarlos a un mando civil que tendrá la misión de vigilar y controlar su operación y para no hacer depender a la Guardia Nacional de la Secretaría de la Defensa Nacional sino de la Secretaría de Seguridad Publica entre otras medidas.

De esta forma quedó conformada, de momento, una Guardia Nacional más adecuada a un entorno democrático y que podría garantizarnos un combate eficaz contra el crimen organizado para recuperar la tan anhelada paz y estabilidad.

¿Quedó conjurado el peligro? Por desgracia no, amigo lector. Esto no está escrito en piedra. Si MORENA, el partido del presidente y su coalición alcanzan mayoría calificada en el Congreso en las elecciones intermedias del 2021, podrían aprobar una nueva Constitución y cambiar las reglas del juego para acomodar la Guardia Nacional al plan original.

Ojalá no sea el caso, pero de esa forma la Guardia Nacional que hoy con los cambios que introdujo el Senado luce como una esperanza, podría convertirse en una amenaza. Habrá que estar muy al pendiente…

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