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Devaluación, ¿el shock del 94?

Devaluación, ¿el shock del 94?

El economista norteamericano Henry Hazlitt, solía decir que en ninguna otra ciencia existen tantas falacias y sofismas como en la economía. Creo que el tiempo le ha dado la razón.

Respecto al tipo de cambio -un tema controvertido, considerado como espinoso aún por los propios expertos en la materia-, existen muchos mitos. En el caso de México, esto se debe en parte a que por más de dos décadas (1954-1976) tuvimos una paridad fija -sostenida con toda intención por las autoridades-, de $ 12.50 pesos por dólar. Y esa paridad coincidió con una de las mejores épocas de nuestra historia económica, el llamado “milagro mexicano”, período de los años cincuenta y sesenta en el que crecimos a tasas del 7% anual, más rápido que los Estados Unidos, Japón o Alemania, con inflaciones del 3% en promedio, por abajo de países que ahora son presentados como ejemplo de progreso en las universidades.

La consecuencia de esta curiosa coincidencia (no se le puede llamar de otra manera porque el progreso depende de otros factores), es que ahora creemos firmemente que la estabilidad del tipo de cambio es la base sobre la cual descansa la salud de nuestra economía. Tendemos a identificar progreso con ausencia de movimientos bruscos en el tipo de cambio. Damos por hecho que la paridad es el “ancla” de todos los demás precios. Estadistas, funcionarios públicos, periodistas, académicos y asesores de alto nivel, recomiendan con frecuencia congelar la paridad como si se tratara de un remedio realmente seguro para alcanzar el crecimiento económico.

En otras palabras, padecemos lo que podríamos calificar como “el síndrome de la paridad fija”. Un síndrome que nos hace creer que cualquier movimiento en el tipo de cambio es el detonante de severos desequilibrios y que ha dado pie a nuestros gobernantes para justificar errores o mayores intervenciones en la economía. No es casual el hecho de que la frase “Presidente que devalúa, se devalúa”, se haya llegado a convertir en un principio de carácter político, ni que la fijación del tipo de cambio sea una de las metas más ansiadas por los gobiernos. Desafortunadamente, las personas que son víctimas del síndrome de la paridad fija desarrollan una tremenda incapacidad para ver que las cosas suceden precisamente al revés: la inflación es la que, tarde o temprano, si no es controlada, provoca movimientos bruscos en el tipo de cambio que a la larga menoscaban el potencial productivo de una nación.

En un entorno donde no hubiera inflación, o lo que es lo mismo, donde la moneda no perdiera valor, sería imposible hablar de devaluación. Por esta razón es tan importante mantener los precios estables. El derrumbe o la inestabilidad de la moneda es inevitable cuando las autoridades no cuentan con la voluntad política o el tino necesario para controlar en definitiva el alza de los precios.

Comprender estos fenómenos es fundamental para tomar decisiones. Nuestra intención al escribir el presente libro es ofrecer un panorama claro y preciso, despojado de tecnicismos y complicaciones innecesarias, acerca de qué factores pueden provocar movimientos bruscos en la paridad a futuro, qué tanto han avanzado las autoridades para evitarlos y cómo podemos protegernos, en caso de que fuera necesario, del riesgo que implica para nuestro patrimonio una devaluación.

Esperamos con ello, de alguna manera, contribuir al debate acerca de un problema que afecta el bolsillo de millones de mexicanos y que en los últimos años ha traído tanto incertidumbre como fuertes dolores de cabeza no sólo a los hombres de negocios, sino a la población en general.

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