Despido de burócratas: una papa caliente

Despido de burócratas: una papa caliente

Aquellos políticos que cuentan con una excelente oratoria y la habilidad para conectarse emocionalmente con las masas, con las aspiraciones de la gente, cuando andan de candidatos en campaña, con la popularidad que logran acumular gracias a esas habilidades, se mueven prácticamente a sus anchas: cómodamente, como si vivieran en el país de las maravillas porque pueden darse el lujo de expresar toda clase de ocurrencias, hacer promesas absurdas (como aquella de que “voy a acabar con la corrupción” cuando en ningún lugar del mundo ni en ninguna época se ha logrado semejante hazaña), acusaciones sin fundamento o desprestigiar a sus contrincantes sin ofrecer pruebas, declaraciones contradictorias, que no tienen nada que ver una con la otra (como el agua y el aceite), para endulzarle el oído a cualquier tipo de votantes con el objetivo de quedar bien con todo mundo…y aún así, la gente les cree.

Sin embargo, ya en el poder, las cosas cambian. Cualquier decisión tiene un costo. Y es entonces cuando aparecen los golpes de realidad…y los resentidos.

Viene a colación amigo lector porque una de las grandes promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue acabar con los privilegios de la alta burocracia, la llamada “casta dorada”. Aplicar la llamada “austeridad republicana” inspirada en Benito Juárez con el objetivo de eliminar el despilfarro, los abusos, gastos superfluos, innecesarios, para que el gobierno no se vea obligado a elevar impuestos que golpean principalmente a los sufridos contribuyentes cautivos, contratar más deuda que hipoteca el futuro de nuestros hijos o generar inflación que erosiona el poder adquisitivo del hombre de la calle y poder así generar un ahorro que permita elevar el gasto social y reducir las desigualdades.

Imposible oponerse a eso. Nadie en su sano juicio podría hacerlo. Fue un clamor popular que ayuda a entender en parte porqué AMLO arrasó en las elecciones presidenciales y obtuvo el porcentaje de votación más elevado en la historia democrática del país. A decir verdad, a los ciudadanos nos conviene esa austeridad, porque en la medida que se suprima gasto corriente improductivo, el financiamiento de la política social se logra de manera sana, sin desequilibrar las finanzas públicas y por lo tanto sin darle al traste a la estabilidad macroeconómica que tanto trabajo costó alcanzar. Simple y sencillamente, nos conviene porque usted y yo no queremos más impuestos, más deuda ni tampoco más inflación. Ese es el gran valor de la austeridad.

En este sentido puedo decirle que los recortes al gasto público del actual gobierno vienen apoyados en tres ejes: 1) reducción de salarios para altos funcionarios, 2) reducción de “servicios personales” (básicamente prestaciones y gastos no contemplados en la ley pero que en la práctica se ejercen) y 3) reducción de plazas de confianza.

En cuánto a la reducción de los salarios para altos mandos (más allá de la polémica de que esta medida puede empujar -y de hecho lo está haciendo ya- a grandes talentos, a la gente más capaz y mejor calificada a abandonar el gobierno), en un país donde la mayoría, el 60% de la población ocupada del país (poco más de 31 millones de personas) a duras penas sobreviven con salarios de miseria (de dos salarios mínimos mensuales para abajo; es decir, con 4,800 pesos al mes o menos), la medida fue muy popular.

En cuánto a la reducción de “servicios personales” el Proyecto de Nación del Presidente de la República y de MORENA, ya contemplaba eliminar el seguro de gastos médicos mayores para obligar servidores públicos de alto nivel a atenderse en el ISSSTE, como cualquier otro mortal y dar fin así a la hipócrita postura de altos funcionarios de alabar en público los servicios de salud del gobierno, para ellos atenderse en costosas clínicas privadas nacionales o extranjeras, incluso en Houston, Texas, con cargo al presupuesto, algo que también suele suceder en materia educativa donde altos mandos alaban en el discurso la enseñanza que se imparte en escuelas oficiales, pero en la práctica tienen inscritos a sus hijos en caros colegios particulares de prestigio porque desconfían de la calidad de la educación pública.

Esta medida y otras más como eliminar vales de gasolina, el pago de comidas en restaurantes “fifís” (utilizando el lenguaje del Presidente), la prohibición de contratar asesores, choferes o guardaespaldas, poner fin a el pago de viajes de avión en primera clase ó el suministro y mantenimiento de vehículos, también fueron medidas ampliamente aplaudidas por la población.

Sin embargo, los problemas aparecieron al momento de querer aplicar la austeridad por la vía de recortar el número de plazas de la burocracia.

Aquí, sin embargo, nada tonto, con gran olfato político, Andrés Manuel López Obrador optó por poner a salvo a empleados de base y sindicalizados.

Son “intocables” porque sus plazas a nivel federal estarán más allá del bien y del mal. Aquí no aplica ni aplicará la austeridad republicana porque de lo que se trata es mantener el apoyo de poderosos líderes sindicales.

Son votos seguros, amarrados pues, y bajo la óptica oficial, hay que cuidarlos. Son más de 1 millón 200 mil votos que pueden ser movilizados por sus dirigentes y en una futura elección que resulte muy cerrada, podrían hacer la diferencia entre el primero y el segundo lugar para mantenerse en el poder. Sí Señor, la prioridad, de lo que se trata ahora es de consolidar ese poder.

Los recortes se están concentrando, más bien, en suprimir plazas de personal de confianza. Pero aquí es donde se encuentra lo delicado del asunto porque recortes de personal anunciados en Secretarías como la de Hacienda o en organismos como el IMSS, entre otros, obviamente han causado malestar, irritación, en los sectores afectados y sus familiares.

Muchos de esos perjudicados que salieron a votar con entusiasmo por MORENA y Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial y que festejaron su triunfo, jamás se imaginaron que eso les iba a costar un trago muy amargo: perder su chamba.

Pero políticamente es espinoso el asunto y ningún político o funcionario de MORENA está dispuesto a meter las manos al fuego hablando con la verdad. Un ejemplo: el lunes 7 de enero de este año, mi compañero Javier Alatorre (conductor del noticiero “Hechos” de la noche, el estelar de TV Azteca), en su programa de radio donde participo como comentarista, entrevistó a Germán Martínez, actual director del IMSS.

Cuándo Javier le preguntó sobre los recortes de personal, el funcionario dijo enfáticamente que ninguna plaza de médico o enfermera en el IMSS estaba en peligro; que ninguna sería recortada. Lo dejó muy claro. Pero con habilidad lo que omitió y de lo que no quiso hablar en la entrevista para no hacerse de enemigos gratuitos, fue de los 3 mil burócratas de personal administrativo de confianza que podrían ser despedidos este año.

Y el asunto da para más. Según datos oficiales (INEGI), a nivel federal hay, en números redondos, 1 millón 500 mil burócratas. Y alrededor de 258 mil plazas son de confianza; esto es, entre un 17 ó 18 por ciento. Pues bien, según el Proyecto de Nación de Andrés Manuel López Obrador y MORENA, la meta es despedir al 70% del personal de confianza para generar ahorros importantes en el gasto público.

¿Qué significa esto? Que si cumple el gobierno con esa meta (lo que está aún por verse) para generar un ahorro que superaría los 30 mil millones de pesos, entonces esto representaría un recorte de alrededor de 180 mil burócratas de confianza a nivel federal.

Un dato que nadie quiere aceptar porque se ha convertido en una auténtica “papa caliente” porque en política como en otros ámbitos de la vida, es imposible quedar bien con Dios y con el Diablo; es inevitable que los recortes traigan consigo perdedores. El mundo, por desgracia, dista mucho de ser perfecto.

Para los trabajadores que probablemente pierdan su empleo, tristemente sentirán en carne propia aquella frase pronunciada por Carlos Monsiváis: “Se llama carisma a las cualidades desplegadas por un candidato en campaña electoral y decepción a esas mismas cualidades ya en funciones de gobierno”.

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